lunes, 21 de noviembre de 2011

Javier Roz y la idea del doble (crítica de Enrique Castaños)


Javier Roz y la idea del doble


Javier Roz. Doppelgänger.
Galería La Casarosa. Málaga.C/ República Argentina, 23.


Hasta el 17 de diciembre de 2011.



Javier Roz (Plasencia, Cáceres, 1975) es sin duda una de las voces más firmes surgidas en el panorama artístico en Málaga durante los últimos diez o quince, junto a Pablo Alonso Herráiz, Jesús Marín Clavijo, Joaquín Ivars, Cristina Martín Lara o José Carlos Casado, por nombrar los más relevantes y significativos. En esta individual en la recién inaugurada Galería La Casarosa, exhibe obras de los dos últimos años que corresponden a cuatro o cinco series distintas, en las que emplea como medios técnicos el dibujo, la fotografía, el tratamiento informático y el acrílico, y en donde sus temas son los que siempre le han obsesionado, tales como el tiempo, la memoria y la identidad. Ahora, sin embargo, se subraya de manera especial el tema del doble, que está íntimamente relacionado con el de la identidad. De hecho, el título de toda la densa muestra alude a esta compleja cuestión, Doppelgänger. La primera de las series, Exilio / Exile (2009-2010), en la que recurre a su tradicional formato de dípticos, en los que se acentúa el contraste entre las técnicas (fotografía sobre lienzo frente a pintura y lápiz), investiga sobre la propia identidad y el paso del tiempo, simbolizado en unas cajas antiguas pintadas en el panel derecho que aluden al mundo de los recuerdos y de lo que ya no podrá nunca volver. En las fotografías, borrosas, es el propio autor quien se representa. Otra serie, también de 2010 y de nuevo en formato de dípticos, alude a las célebres Wunderkammer o gabinetes de curiosidades o de maravillas, donde nos encontramos con el tema de la desaparición y de la asociación de imágenes (por ejemplo, la extracción de la piedra de la locura), dípticos que se acompañan de fotografías antiguas o de grabados de un antiguo libro de frenología, es decir aquella teoría que trataba de explicar el carácter y la personalidad en función de la forma y tamaño del cráneo.


Desde la primavera de 2011, Roz está haciendo una maravillosa serie de retratos a lápiz a partir de fotografías, muy austeros, de un increíble lirismo, en los que se les da una gran importancia al espacio blanco del papel y que están acompañados de un verso de un amigo poeta. Son intimistas, de mujeres anónimas, de una sensibilidad exquisita. En uno de ellos late muy probablemente el espíritu de Virginia Woolf. Después hay otra serie en la que confronta paisajes con dibujos, paisajes al mismo tiempo nítidos y borrosos, de filiación romántica, tratados con un programa informático, donde escanea los dibujos hechos con lápiz y en el ordenador crea todo un mundo abstracto-informalista de raspaduras, huellas, incisiones, manchas y líneas. Es muy interesante uno de los dibujos que se enfrenta a uno de los paisajes, donde, inspirándose en una antigua leyenda aborigen, vemos a un hombre de frente, el propio artista, con las piernas y los pies vueltos hacia atrás, como si estuviera insinuando una inmersión en lo desconocido o incluso en el mal.


Pero la gran serie de la exposición y la que en el fondo justifica su título es la que se llama Room, que en realidad son fotografías con doble exposición y donde de nuevo trata con el programa Photoshop los dibujos hechos con lápiz y escaneados, jugando así con sutiles transparencias, valores (en ocasiones hay hasta seis capas superpuestas) y texturas. El tema de fondo es el del doble, el de la disgregación de la persona, el doble como sombra, como otro yo, un asunto capital de la literatura universal investigado por Goethe o por Robert Louis Stevenson, pero que encontró su más alta cima espiritual en las novelas de Dostoyevski, tema esencial de todas sus novelas según Nicolás Berdiaev, que es quien mejor ha comprendido al genial novelista ruso. No sólo por su novela titulada precisamente El doble, sino porque todos sus personajes están de una o de otra manera desdoblados, es decir enfrentados a una lucha espiritual y cósmica entre las fuerzas del bien y las del mal. La enajenación del individuo, su dualidad intrínseca, esto es lo que Javier Roz quiere transmitirnos.


© Enrique Castaños
Publicado originalmente en el diario Sur de Málaga el 19 de noviembre de 2011